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Grupos, asociaciones y cooperativas de consumidores que se unen para comprar directamente a los productores locales.

Girona. Cooperativa

La tienda de ‘El Rebost’, que está situada en el barrio viejo y que pronto será sustituida por unos locales en Sant Ponç.

Quince hombres y mujeres de una asociación ecologista gerundense decidieron en 1988 fundar un grupo de consumo de frutas y verduras de temporada del propio territorio, siguiendo el modelo de las primeras asociaciones de este tipo que poco antes habían nacido en Barcelona. Ahora son una cooperativa especializada en productos ecológicos, tienen 270 familias asociadas y en sus locales de la plaza Benlloch se puede ir a comprar aunque no seas miembro.

“Hemos crecido, pero el espíritu sigue siendo el mismo”, afirma Juan Julio, uno de los fundadores.

La evolución experimentada en estas dos décadas se plasma, por ejemplo, en el hecho de que los servicios rotativos han pasado a cierta profesionalización y en que ya no sólo tienen todo tipo de productos de alimentación sino que en el millar de referencias del Su catálogo hay productos de cosmética, higiene personal o higiene del hogar, entre otras líneas. El crecimiento que han tenido, apunta Julio, se explica por la preocupación de la gente por la salud. Tanto él como miembros de La Cesta de Porqueres apuntan que muchas familias entraron a sus grupos cuando esperaban un hijo.

En los últimos años se han consolidado una quincena de agrupaciones y cooperativas de consumidores con el objetivo de hacer compras conjuntas de productos ecológicos, sobre todo de alimentación, directamente a proveedores del territorio.

Los locales de la agrupación El Morrot de Olot, un jueves por la tarde durante el reparto de los pedidos.

Los locales de la agrupación El Morrot de Olot, un jueves por la tarde durante el reparto de los pedidos.

Cada jueves por la tarde, en un garaje de la calle Carlos I de Olot, cerca del Serrat, un grupo de dos o tres personas va depositando víveres en dieciocho cajas numeradas: coles, brócolis, ajos, tomates… Ester tiene abierta una hoja de cálcula en un ordenador portátil y va cantando lo que debe ir en cada caja, mientras Dolores y Ester las llenan. Trabajan para que todo esté listo cuando al cabo de un rato vengan a recogerlas. Son la gente de la agrupación de consumidores El Morrot, una de las varias asociaciones de este tipo que en los últimos años se han formado y consolidado en las comarcas de Girona para hacer, directamente al productor, compras conjuntas de productos de confianza, básicamente ecológicos, que todavía cuestan de encontrar en los círculos comerciales ordinarios.

Los domingos los asociados hacen saber al encargado de hacer la compra que quieren esa semana, luego se hacen los pedidos a los proveedores y éstos las entregan los días siguientes. Los trabajos son rotativas, de manera que una vez cada cierto tiempo toca trabajar. Los pagos se hacen en efectivo y, por tanto, no necesitan los bancos. Son, sin embargo, cantidades modestas: se mueven semanalmente entre 500 y 800 euros.

“La asociación nació hace un par de años, de las conversaciones de unas familias que llevamos a los niños a la escuela del Morrot, por eso tenemos este nombre”, explican las tres mujeres.

Como ocurre en todas estas agrupaciones, los criterios para seleccionar los productos de El Morrot son básicamente dos: que sean ecológicos-independientemente de si tienen o no la certificación oficial- y cultivados o elaborados en la comarca o bien en el borde.

El modelo de este grupo garrotxí es similar al de La Cesta, del Pla de l’Estany. Esta agrupación consta de 38 familias y ya hace siete años que funciona. Su punto de distribución es el Centro Cívico de Porqueres, propiedad del Ayuntamiento.

“No pagamos ningún alquiler ni nada, el Ayuntamiento nos da todo tipo de facilidades”, comentan José María y Alba un viernes por la noche, en el rato semanal del reparto.

La relación entre ellos y los proveedores, explican, es muy estrecha porque antes de hacer tratos los quieren conocer bien para asegurarse de que cumplan los requisitos.

No existe un censo de este tipo de agrupaciones. Oficiosamente, se calcula que en las comarcas de Girona hay una quincena, nacidas casi todas la última década y que ya abarcan unas 400 familias, es decir, unos 1.200 consumidores.

“El cooperativismo ahora tiene más sentido que nunca” Este tipo de consumidor está dispuesto a pagar más por así defender el producto local y el campesino del territorio.

La mayoría de las agrupaciones y cooperativas de consumo gerundenses mantienen contacto entre ellas. Una de las personas que une estos colectivos es Engràcia Valls, una ingeniera técnica agrícola miembro de la cooperativa La Manduca de Sant Feliu de Guíxols, fundada en 2005 y que ahora tiene 30 socios.

Cuándo y por qué se empezaron a formar las primeras agrupaciones?

La primera fue El Brot de Reus, en 1979, y se legalizó como cooperativa a principios de la década de los ochenta. Estamos hablando de antes de que hubiera la certificación de alimentos ecológicos. Era gente que buscaba este tipo de alimentos y no los encontraba. También representaba una crítica al modelo agrícola industrial, basado en el uso de la química, etc. Después abrieron El Rebost de Girona y Germinal de Barcelona, ​​que aún existen como sociedades cooperativas dedicadas a distribuir productos ecológicos entre los socios. Tras de ellas han ido saliendo grupos pequeños a veces se constituyen formalmente como asociación y, en concreto, como cooperativa, como nosotros (La Manduca).

Cada vez hay más productos ecológicos en el mercado y, en cambio, ustedes van creciendo.Parece un contrasentido. ¿A qué lo atribuye?

Sí que es verdad que la agricultura ecológica certificada va creciendo, pero en muchos casos adopta el mismo modelo industrial que la agricultura convencional. Se usan recursos naturales en lugar de químicos, pero el modelo es el mismo: mucha dependencia de recursos externos, fincas muy grandes, mucho consumo de combustible para transportar los productos… Es una mejora para el agricultor y para el consumidor, claro, pero el modelo de fondo es el mismo. Por tanto, los grupos de consumidores que se alejan de este modelo tienen más sentido que nunca.

Sus precios son más elevados. Esto debería ser un problema.

Sí, es más caro. A veces tiene más que ver con cómo está el mercado que con los costes de producción. Nosotros lo que pedimos a los proveedores es que tiendan a tener unos costes mínimos de producción, pero al mismo tiempo estamos dispuestos a pagar el precio que cuesta producir una lechuga cerca de nuestra cooperativa, y que no será nunca tan barata como una lechuga ecológica certificada hecha en Murcia en una gran explotación. Nosotros estamos dispuestos a pagar un sobreprecio para defender el producto local y la agricultura local.

Es difícil encontrar proveedores que cumplan todos los requisitos que les piden?

Encontrar proveedores suficientes profesionales, que tengan una finca bastante grande para optimizar los costes de producción, que además estén dispuestos a colaborar con las cooperativas, recibir visitas, ser transparentes…, hombre, no es fácil [ríe]. Lo que pasa es que, a medida que hay más cooperativas, hay más productores de este tipo. Estamos hablando de huerta, si hablamos de fruta o producto envasado, entonces falta mucho, todavía. Para ello es necesario que el movimiento crezca y que estemos coordinados.

No tienen miedo de que, con la crisis económica, la gente tenga que renunciar a los productos ecológicos porque son más caros

Debemos pensar que la tendencia de estos productos es tener un precio razonable. Ahora lo que estamos haciendo -al menos en La Manduca- es mantener el nivel de compras de productos básicos, prescindiendo de pequeños lujos, como envasados, zumos de fruta, etc. Quizás el consumo baja, pero no para que renuncien a los productos ecológicos sino porque deciden sacrificar una parte de la cesta y cocinar más. Muchos dirán: “En lugar de gastarme 30 euros a la semana me gasto 10, pero sé que es bueno”. Por otra parte, una de las cosas buenas que ha de llevar esta crisis es que tengamos una distribución de gastos domésticos más razonable. Siempre decimos lo mismo: el tema de consumir productos ecológicos a través de una cooperativa es un tema de reorganización del gasto familiar y los hábitos.

Y también se nota una vertiente socializador.

Y tanto. Cuando coinciden en la tienda tres o cuatro familias, con los niños, unos trabajando, otros llevándose la cesta, pues son unos momentos muy bonitos. Te das cuenta que, a pesar de las dificultades, entre todos lo podemos hacer todo. Es un ambiente solidario, nos conocemos todos. Es muy satisfactorio, vale la pena.

Acerca de Rafa Dudo

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