Noticiario del Nuevo Mundo

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Déjalo ser ;)

Las personas nos pasamos la mayor parte de nuestra vida sintiéndonos ofendidas por lo que alguien nos hizo. La sorprendente revelación que te voy a hacer va a cambiar tu vida… ¡Nadie nos ha ofendido!.

Son nuestras expectativas de lo que esperábamos de esas personas, las que nos hieren. Y las expectativas nosotros las creamos con nuestros pensamientos. No son reales. Son imaginarias.

Si esperábamos que nuestros padres nos dieran más amor, y no nos lo dieron, no tenemos porqué sentirnos ofendidos. Son nuestras expectativas de lo que un padre ideal debió hacer con nosotros, las que fueron violadas. Y nuestras ideas son las que nos lastiman.

Si esperábamos que nuestra pareja reaccionara de tal y cual forma y no lo hizo… Nuestra pareja no nos ha hecho nada. Es la diferencia entra las atenciones que esperábamos que tuviera con nosotros y las que realmente tuvo, las que nos hieren. Nuevamente, eso está en nuestra imaginación.

¿Enojado con Dios?. Son nuestras creencias de lo que debería hacer Dios, las que nos lastiman. Dios jamás ofende y daña a nadie.

Un hábito requiere de todas sus partes para funcionar. Si pierde una, el hábito se desarma. El hábito de sentirte ofendido por lo que nos hacen otros (en realidad nadie nos hace nada) desaparecerá cuando conozcamos mejor la fuente de las “ofensas”.

Cuando nacemos, somos auténticos. Pero nuestra verdadera naturaleza, es suprimida y sustituida artificialmente por conceptos que nuestros padres, la sociedad y televisión nos enseñan. Y crean una novela falsa de cómo deberían ser las cosas en todos los aspectos de nuestra vida y como deben de actuar los demás. Una novela que no tiene nada que ver con la realidad.

También, las personas son criaturas de inventario. A lo largo de su vida, coleccionan experiencias: padres, amigos, parejas, etc. y las almacenan en su inventario interior.

Las experiencias negativas dejan una huella más profunda en nosotros que las positivas.

Y cuando una persona es maltratada por alguien, deja esa experiencia en su “inventario”. Cuando conoce a alguien, tiene miedo. Y trata de ver si la nueva persona repetirá las mismas actitudes que la que la hirió. Saca una experiencia de su inventario negativo. Se pone los lentes de esa experiencia y ve a las nuevas personas y experiencias de su vida, con esas lentes.

¿Resultado?. Se duplican los mismos problemas y las mismas experiencias negativas. Y el inventario negativo sigue creciendo. En realidad lo que hace es que nos estorba. No nos deja ser felices. Y a medida que se avanza en años, somos menos felices. Es porque el inventario negativo aumenta año con año.

¿Has visto a las personas de edad avanzada y a los matrimonios con muchos años?. Sus inventario son tan grandes, que parece que la negatividad es su vida. Una y otra vez sacan experiencias de su inventario negativo ante cualquier circunstancia.

Una de las mayores fuentes de ofensas, es la de tratar de imponer el punto de vista de una persona a otra y guiar su vida. Cuando le decimos a alguien lo que debe hacer y nos dicen: “no”; creamos resentimientos por partida doble. Primero, nos sentimos ofendidos porque no hicieron lo que queríamos. Segundo, la otra persona se ofende porque no la aceptamos como es. Y es un círculo vicioso.

Todas las personas tenemos el derecho divino de guiar nuestra vida como nos plazca, como sepamos o como podamos. Aprenderemos de nuestros errores por nosotros mismos. Necesitemos que nos “dejen ser”.

Tampoco nadie nos pertenece. Cuando los colonos americanos querían comprarles sus tierras a los Pieles Rojas, estos les contestaron: “¿Comprar nuestras tierras?. ¡Si no nos pertenecen!. Ni el fulgor de las aguas, ni el aire, ni nuestros hermanos los búfalos a los cuales solo cazamos para sobrevivir. Es una idea completamente desconocida para nosotros”.

Ni la naturaleza, ni nuestros padres, ni nuestros hijos, nuestros amigos o parejas nos pertenecen. Es como el fulgor de las aguas o el aire. No los podemos comprar. No los podemos separar. No son nuestros. Sólo los podemos disfrutar como parte de la naturaleza. El cauce de un río no lo podemos atrapar. Sólo podemos meter las manos, sentir el correr de las aguas entre ellas, y dejarlo seguir. Las personas son un río caudaloso. Cualquier intento de atraparlas nos va a lastimar. Amémoslas, disfrutémoslas y dejémoslas ir.

Entonces ¿Cómo podemos perdonar?.

Entendamos que nadie nos ha ofendido. Son nuestras ideas acerca de cómo deberían actuar las personas (o Dios) las que nos hieren. Estas ideas son producto de una máscara social, que hemos aprendido desde nuestra infancia de forma inconsciente. Reconozcamos que la mayoría de las personas NUNCA van a cuadrar con esas ideas que tenemos. Porque son ideas falsas.

Dejemos a las personas ser. Dejemos que guíen su vida como mejor les plazca. Es su responsabilidad. Démosles consejos, si los aceptan, pero permitamos que tomen sus decisiones. Es su derecho divino por nacimiento: el libre albedrío y la libertad.

Nadie nos pertenece. Ni nuestros padres, amigos y parejas. Todos formamos parte del engranaje de la naturaleza. Dejemos fluir las cosas sin resistirnos a ellas. Amemos y dejemos ser.

Dejemos de pensar demasiado. Abrámonos a la posibilidad de nuevas experiencias. No utilicemos nuestro inventario. Abramos los ojos y observemos el fluir de la vida como es. Cuando limpiamos nuestra visión de lentes obscuros y nos los quitamos, el resultado es la limpieza de visión.

La perfección no existe. Ni el padre, amigo, pareja o Dios perfecto. Es un concepto creado por la mente humana que a un nivel intelectual podemos comprender, pero en la realidad NO EXISTE. Porque es un concepto imaginario. Un bosque perfecto serían puros árboles, Sol rico, no bichos…, ¿existe?. No. Para un pez, el mar perfecto sería aquel donde no hay depredadores. ¿Existe?. No. Sólo a un nivel intelectual. En la realidad JAMAS VA A EXISTIR. Naturalmente, al pez sólo le queda disfrutar de la realidad. Cualquier frustración de que el mar no es como quiere que sea no tiene sentido. Dejemos de resistirnos a que las personas no son como queremos. Aceptemos a las personas como el pez acepta al mar y amémoslas como son.

Intoxiquémonos con la vida. La vida real es más hermosa y excitante que cualquier idea que tenemos del mundo, comprobado.

Imaginemos a esa persona que nos ofendió en el pasado. Imaginemos que ambos estamos cómodamente sentados. Le decimos porqué nos ofendió. Escuchemos su explicación amorosa de porque lo hizo. Y perdonémosla. Si un ser querido ya no está en este mundo, utilicemos esta dinámica para decirle lo que queremos. Escuchemos su respuesta. Y digámosle adiós. Nos dará una enorme paz.

A la luz del corto período de vida que tenemos, solo tenemos tiempo para vivir, disfrutar y ser felices. Nuestra compañera la muerte en cualquier momento, de forma imprevista, nos puede tomar entre sus brazos. Es superfluo gastar el tiempo en pensar en las ofensas de otros. No podemos darnos ese lujo.
Es natural pasar por un periodo de duelo al perdonar, dejemos que nuestra herida sane. Descarguémonos con alguien para dejar fluir el dolor. Volvamos a leer este artículo las veces necesarias y dejemos que los conceptos empiecen a sembrar semillas de conciencia en nuestro interior. Aprendamos con honestidad los errores que cometimos, prometámonos que no lo volveremos a hacer y regresemos a vivir la vida.

Y como dirían los Beatles, Let it be!.

Dejemos al mundo ser. Y dejémonos ser a nosotros también.

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Acerca de Rafa Dudo

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Esta entrada fue publicada en enero 18, 2014 por en Autoconocimiento, Motivacional, Psicología y etiquetada con , .
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